Nietos salvados en Siria por un abuelo chileno pugnan por rehacer vida en Suecia

Patricio Gálvez, un chileno que viajó a Siria para rescatar a sus siete nietos, durante la entrevista con Efe en Gotemburgo (oeste de Suecia), donde reside. EFE

Gotemburgo (Suecia), 24 may (EFE).- Los siete nietos de Patricio Gálvez, un chileno que viajó a Siria para rescatarlos, luchan por recuperarse en Suecia de la muerte de sus padres yihadistas y las duras condiciones del campamento de refugiados de Al Hol.

Gálvez regresó con ellos a Gotemburgo (oeste de Suecia), donde reside, la semana pasada, mes y medio después de viajar solo a Siria para sacarlos de Al Hol, donde bajo control kurdo viven hacinados unos 75.000 huérfanos y viudas de combatientes del Estado Islámico (EI), que instauró un califato en la zona durante cinco años.

Su drama ha tenido gran atención en los medios y ha forzado al Gobierno sueco a cambiar su postura para repatriar a los niños, de uno a ocho años, y que se recuperan de una severa desnutrición y de su tragedia personal, mientras residen temporalmente con su abuelo en una casa de acogida de los servicios sociales.

«Tienen muchos traumas, duermen muy mal, se despiertan llorando y echan mucho de menos a sus padres», explica en una entrevista con Efe Gálvez, quien añade que padecen de estrés por las situaciones «tan extremas» que han pasado desde la muerte de sus progenitores en la guerra de Siria.

Pasado el júbilo inicial -gritaron «de alegría» al aterrizar-, afrontan las secuelas bajo la atención de especialistas, aunque a veces su abuelo es el único que puede calmarlos.

«Va a ser difícil, pero no es imposible. Creo que va a tomar tiempo, pero va a resultar bien», afirma convencido Gálvez, que ha vivido un drama familiar desde que su hija, Amanda, y su yerno, convertidos al islam, viajaron a Siria vía Turquía en 2014 con sus cuatro hijos -luego tuvieron otros tres- para unirse al EI.

Para Gálvez, un músico de 50 años que vive en Suecia desde hace tres décadas, comenzó entonces una lucha por tratar de convencer a su hija de que regresase, una «frustración» continua que aumentó con su muerte y la rendición de Al Baguz, el último bastión del EI.

Las noticias de que los niños habían huido y de su precaria salud lo convencieron para ir a Siria, aun sin saber su paradero exacto.

«Siempre sentí la ayuda de mi hija, que me decía: ‘tienes que ir, hacer esto, adelante’. Fui con mucha esperanza de que los iba a encontrar y recuperar, aunque me tomara tiempo. Nunca se me pasó por la cabeza» volver a casa sin ellos, recuerda.

Al poco de llegar recibió un permiso de las autoridades kurdas para verlos unas horas, pero aunque les «rogó» que lo dejaran quedarse en Al Hol, tuvo que regresar a Erbil (norte de Irak), donde pasó casi un mes de frustración e impotencia, que sintió como «un año», a la espera de que se resolviesen las trabas burocráticas.

«Fue necesario dar la cara por ellos, hacer entender al Gobierno sueco que son niños inocentes. De a poco fue creándose una campaña, con demostraciones en Estocolmo, Gotemburgo, en Chile. Creció de una forma tal que ya no pudieron hacer la vista gorda», explica Gálvez, muy agradecido por el apoyo de las autoridades chilenas.

El reencuentro definitivo se produjo hace casi tres semanas, con el traslado de los niños a Erbil, donde aún tuvieron que permanecer una semana para realizar chequeos médicos y completar trámites.

«Al tenerlos en brazos lloré, me acordé de mi hija. La extrañan mucho. Son muy pequeños para explicarles qué ocurrió con sus padres. Fue mágico entender que la historia iba a un final feliz», cuenta.

El apoyo masivo recibido en forma de mensajes y correos reforzó la convicción de este abuelo chileno, comprensivo con las críticas de alguna gente a repatriar a huérfanos de yihadistas, que atribuye al miedo, aunque recuerda que son casos de «emergencia humana».

La «ardua» lucha vive otra fase: los servicios sociales buscan residencia temporal para los niños mientras se resuelve la custodia.

Gálvez se muestra seguro de que por su frágil estado emocional, sus traumas y el cuidado que requieren, lo mejor es separar a los niños inicialmente, pero manteniendo los lazos familiares.

A pesar del «amor» que muchos le han brindado en Suecia, asume el estigma que tienen los niños por ser hijos de Michael Skråmo, que se hizo famoso por grabar vídeos desde Siria invitando a unirse al EI y a cometer atentados en territorio sueco.

Y aunque cree que lo ideal es que vivan en Suecia, mantiene abierta la posibilidad de trasladarlos a Chile, aceptando el ofrecimiento de las autoridades de su país de origen.

«Son muy fuertes, luchadores, quieren esta oportunidad de volver a ser niños y elegir su vida. Y eso me da mucha fuerza. Algún día me gustaría mostrarle al pueblo sueco y, principalmente, a las personas que están en contra, que estaban equivocados, que ahora son grandes médicos o artistas. Algo bueno va a salir», augura.

Anxo Lamela